Reflexiones de un conductor frustrado

Reflexiones de un conductor frustrado

Como comentaba, viajaba por la sufrida vía pensado en todo aquel desaguisado y que entendía como uno más de otros tantos desarreglos que las administraciones nos regalan de vez en cuando como si quisieran invocar al espíritu extremeño del “a mandar que para eso estamos”. 

Viajaba el otro día en dirección a mi pueblo (San Vicente de Alcántara) desde Badajoz usando para ello durante unos kilómetros la autovía A5 cuando una serie de ocurrencias se me vinieron a la cabeza a raíz de lo que iban contemplando mis frustrados ojos. 

Antes de compartirlas, quisiera exponer el escenario en cuestión. Se trata del tramo que circunvala la ciudad desde el acceso a la entrada en dirección a Portugal por la zona del Cerro Gordo, justo en el meollo de la obra faraónica de la autovía que venimos sufriendo desde hace bastantes meses los usuarios de tan transitada vía. 

Y digo que continuamos porque en realidad la obra, aunque supuestamente acabada, sigue en un estado deplorable de tránsito, sobre todo en el sentido opuesto al que yo llevaba. La cantidad de socavones provocados por las intensas lluvias de meses atrás y que han agujereado sin piedad el “tierno” alquitrán expandido  tras las labores que llevan la firma de Ferrovial (¡ni más ni menos!), nos hacen entender a los que recorremos dicha calzada regularmente que los trabajos no han llegado a su fin…o sí, quien sabe, porque el sistema tapa-parches de conos parecen ser una solución eterna a tenor del tiempo que lleva el tramo en ese estado de semi abandono, con uno de los  carriles cortados (el ametrallado) de forma permanente desde hace semanas.

Pero este no es el motivo de la cuestión que aquí se expone (la denuncia en sí de la chapuza intolerable, impropia de una obra pública de tal envergadura) sino el de reflexionar sobre cosas más profundas que tienen que ver con nuestra manera impasible de afrontar los atentados que sufrimos contra nuestros propios intereses.

Como comentaba, viajaba por la sufrida vía pensado en todo aquel desaguisado y que entendía como uno más de otros tantos desarreglos que las administraciones nos regalan de vez en cuando como si quisieran invocar al espíritu extremeño del “a mandar que para eso estamos”. 

Dicha cuestión me trajo en bandeja otro asunto que por circunstancias vuelve a resonar en mi interior con voz propia, el de los asuntos corcheros, en este caso desde el punto de vista de su historia ancestral y en su devenir posterior.

¿Y qué relación puede haber entre una y otra cosa? se preguntarán y yo les diré: en la reivindicación, en la reivindicación….

Leyendo hace días la monumental obra Historia del Gremio Corchero del Catalán Ramiro Medir Jofra, me di de bruces con algunos sucesos relevantes acaecidos en la década de los años veinte del siglo XIX en los que algunos trabajadores y empresarios catalanes se plantaron en los muelles de Palamós. Su objetivo era evitar que el corcho crudo extraído de los alcornocales gerundenses se exportara a tierras inglesas por ser esta una operación que iba en contra de sus intereses. Huelga decir que estamos hablando de una época dura para aquellos de las protestas (en plena monarquía absolutista del rey felón, ni más ni menos), con lo cual los hechos cobran aún más valor si cabe. 

Si sorprendente fue el suceso más aún las consecuencias de tales movilizaciones: la prohibición mediante decreto real en años posteriores de la exportación de las panas crudas de corcho extraídas de los alcornoques gerundenses, siendo dicha cuestión un motivo que sirvió para impulsar el gremio corchero catalán.

Este es, sin duda, un pequeño ejemplo de la diferencia tan grande de conciencia que existe entre las dos Españas desde un punto de vista cultural, la del norte y la del sur.

El economista navarro Domingo Gallego expone claramente esas diferencias en un ensayo titulado Mas allá de la Economía de Mercado, y que explica buena parte de nuestra realidad actual como país.

En la citada obra, Gallego, sostiene una hipótesis que ahonda en la cuestión cultural, llevando el origen de las divergencias hasta el medievo ya que fue allí-según el autor- el momento en el que el germen del emprendimiento y la naturaleza que deriva del mismo (incluyendo ese espíritu reivindicativo) cuando empezó a fraguarse en dichos territorios norteños. La causa:  las maneras distintas en las que los señores feudales gestionaban sus territorios en un lado y otro de la península, habiendo en el norte relaciones con sus siervos similares a arrendamientos lo cual daba margen a ir más allá de la aceptación sin matices del orden imperante (el rechazar ese “a mandar que para eso estamos” al que antes aludíamos).

Eso dio pie a una manera de entender el espíritu gremial naciente de una manera más compacta y organizada, lo justo para saber establecer formas de reivindicación a las administraciones mucho más efectivas, forzando incluso una cierta discriminación positiva que tales territorios han venido “sufriendo” por las administraciones centrales en pro de su desarrollo y para evitar así sus rebeliones. Esto, sin duda, condicionó la aparición de los polos de desarrollo que actualmente encontramos en nuestro país, unido claro está al fuerte espíritu emprendedor (el cual es innegable) que impregna la forma de ser de los habitantes de esos territorios.

¿Y Extremadura? pues eso, fruto de la España latifundista y sus derivaciones, sin un germen cultural de emprendimiento general (y por tanto libre de espíritu reivindicativo que es consustancial a dicha forma de entender la vida), rica en gente humilde pero apocada y acostumbra a resistir lo extremo y lo duro…esa es la realidad y la causa de que no pase nada cuando para un tramo de doce kilómetros escasos de autovía se tarde más de siete meses en finalizar, y sigamos esperando sin decir nada. En fin.

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